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CARTA ABIERTA A MIGUEL BERNAD REMÓN

CARTA ABIERTA A MIGUEL BERNAD REMÓN

CARTA ABIERTA A MIGUEL BERNAD REMÓN

CARTA ABIERTA A MIGUEL BERNAD REMÓN

Javier Cordero Aparicio

Conocí a Miguel Bernad Remón hará unos cuatro años, cuando yo colaboraba con el Grupo Intereconomía y recibí su llamada telefónica para que le ampliara la información  de un artículo, que se había publicado en la Gaceta, del que yo era el autor. No recuerdo el asunto.

A partir de esas fechas hemos colaborado de forma esporádica, ambos desde el punto de vista de la regeneración democrática, buscando un España menos corrupta, más limpia, dirigiendo Miguel su actuación a través de las denuncias que muchos ciudadanos le hacían llegar al Sindicato y que él, con una energía impropia de un hombre de su edad, atendía sin desmayo. Yo por mi parte, principalmente, seguía colaborando con los medios hasta que un día cayó  en mis manos el Caso Molinos de la Muela, un aparente escándalo urbanístico que, tras muchos meses de estudio, no me parece tal y donde los verdaderos responsables siguen sentado sus posaderas en sillones asamblearios.

“Miguel, necesito tu apoyo. En La Muela se va a condenar a muchos inocentes por salvarle el culo  a los verdaderos responsables del Gobierno de Aragón. No te lo podrás creer, la fiscal del caso tenía a su marido trabajando en la empresa que organizó uno delos sectores de ese municipio y no lo investigó. ¿Sabes Miguel que el Secretario Judicial, en la fase secreta de la Instrucción, era un sindicalista de Comisiones Obreras que colocaron ad hoc, sin ser funcionario, sin ser sustituto?....”

Miguel nunca falla. Es un hombre inocente donde los haya que le han ido poniendo trampas desde que Manos Limpias imputó a la Infanta, con objeto de descreditarle. Recuerdo el caso de una denuncia que le hicieron sobre el supuesto asesinato de D, Emilio Botín que en su inocencia estuvo a punto de creer. Tuve  y que pararle los pies, investigar  al denunciante para comprender la trampa que le estaban tendiendo. Gracias a eso Miguel no presentó de denuncia contra el supuesto asesino/a de D. Emilio Botín y no quedó desacreditado en los medios.

Siguiendo con la Muela pude comprobar que mi amigo Miguel no tenía un duro, ya éramos dos, aunque el noventa por ciento de las veces me tocaba a mí pagar los cafés que a las 7 de la mañana, nos tomábamos en Puerto de Vigo, para tratar los asuntos del Caso Molinos. “Javier, para preparar la querella necesitamos alrededor de 300 euros”. El Sindicato no tenía un duro y me contaba otro día como un ciudadano anónimo hizo una transferencia para cubrir el desmesurado importe que le ponían desde un Juzgado de Barcelona en relación con alguna de las querellas que presentó allí.

Me tocaba a mí hablar con mis contactos y decir que recaudasen 300€, una vez, requisito para poder pagar algunos de los procuradores del Colegio de Zaragoza, que por turno le correspondiera, ya que ninguna de forma voluntaria quería ejercer esa labor por miedo a las represalias de la Judicatura aragonesa. ¡¡¡ País de cobardes, ninguno descendiente de Agustina de Aragón!!! Otra vez había que pagar 1000 € para costear el informe  pericial grafológico que acreditaba las firmas falsas de un expediente tributario que había llevado a uno de los imputados a prisión. Otra vez, 3.000€ para personarnos en la querella contra el secretario judicial que  vergonzantemente se sobreseyó. La colecta tardaba días y más días, lo que iba retrasando todas nuestras actuaciones.

La sensibilidad que me mostraba Miguel en el apoyo que a través del Sindicato daba a todos los imputados en el Caso Molinos, era máxima. No entendíamos como se había colocado a un falso Secretario Judicial en la instrucción sumarial y tras denunciarlo a todas las instancias, no se hubiera hecho nada. Hoy la responsable de tal nombramiento ocupa un alto cargo del Gobierno de Aragón. Esto quedará en los anales de la vergonzante justicia española, una justicia politizada que da asco y vergüenza.

Miguel, estoy contigo, tienes mi modesto apoyo y aunque el paso de los días me pudiera hacer creer que estoy equivocado con respecto a ti, te diré que seguiré creyendo en ti, que no creo en esta justicia y en la igualdad de todos ante la Ley.

Un fuerte abrazo.

Javier Cordero.