Manos Limpias ha llevado a los juzgados la lista negra de periodistas confeccionada dentro del Ministerio del Interior.
Ésa es la noticia.
Y conviene empezar por ahí porque el Gobierno de Pedro Sánchez ya ha puesto en marcha su máquina de fabricar niebla: «documento de trabajo», «documento interno», «finalidad consultiva», «sin finalidad espuria», «mejorar la comunicación» y disculpas a quienes hayan podido sentirse «ofendidos».
Palabras.
Palabras cuidadosamente escogidas para conseguir que un hecho que se entiende perfectamente deje de entenderse.
Vamos, pues, a hablar en lengua española.
En román paladino, «en cual suele el pueblo fablar a su vecino».
¿Qué ocurrió?
Dentro del Ministerio del Interior se confeccionaron 281 fichas de periodistas, tertulianos y comunicadores. En ellas aparecen nombres, fotografías, trayectorias profesionales y, en numerosos casos, etiquetas sobre su orientación política o sobre su actitud hacia el Gobierno: «afín», «muy crítico», de izquierdas, de derechas y otras clasificaciones semejantes.
Repitamos lo esencial.
Nombre.
Cara.
Fotografía.
Ideas políticas.
Grado de afinidad o disidencia respecto del Gobierno.
Una ficha detrás de otra.
Como si el periodista crítico fuera un sospechoso al que hubiera que retratar, clasificar y colocar en la casilla correspondiente.
Sólo faltaban las huellas dactilares.
Y Manos Limpias ha decidido llevarlo ante un juez.
MANOS LIMPIAS PRESENTA LA DENUNCIA
El 9 de septiembre de 2026, Manos Limpias, por medio de su secretario general, Miguel Bernad Remón, presentó una denuncia ante los Juzgados de Instrucción de Madrid contra el funcionario o funcionarios responsables de elaborar la clasificación política de los periodistas.
La nota de prensa difundida por la organización no anda con circunloquios: denuncia posibles delitos de prevaricación administrativa, discriminación o coacciones y revelación de secretos y contra la intimidad.
La denuncia añade que el documento incorporaba también fotografías de los periodistas.
Y emplea exactamente la expresión que Interior se esfuerza por evitar:
LISTA NEGRA
Manos Limpias sostiene que esa «LISTA NEGRA» puede servir para discriminar a los periodistas críticos con el Gobierno.
El juzgado determinará ahora el recorrido penal de la denuncia.
Pero políticamente el asunto se comprende sin licenciatura en Derecho:
dentro del Ministerio del Interior alguien consideró conveniente saber quién era quién, qué ideas tenía y quién era más o menos crítico con el Gobierno.
Y eso exige una explicación.
No mañana.
No dentro de tres años.
Ahora.
EL MINISTERIO DEL INTERIOR NO HIZO UNA LISTA DE PERIÓDICOS: CLASIFICÓ A PERSONAS
Ésta es la diferencia que toda la faramalla gubernamental intenta borrar.
Un ministerio puede hacer un resumen de prensa.
Naturalmente.
Puede recopilar noticias.
Puede estudiar qué asuntos reciben mayor atención.
Puede analizar errores de comunicación.
Puede saber qué periódicos han publicado determinada información.
Para hacer cualquiera de esas cosas no necesita clasificar ideológicamente a un periodista.
No necesita anotar que es de derechas.
Ni de izquierdas.
Ni afín.
Ni crítico.
Ni muy crítico.
Ni simpatizante del Gobierno.
Para saber qué escribió alguien basta con leerlo.
Para saber qué dijo basta con escucharlo.
Para conocer la repercusión de una noticia basta con contar las publicaciones.
Pero para saber qué piensa políticamente una persona hay que dar un paso diferente.
Y ése es exactamente el paso que convierte un resumen de prensa en otra cosa.
Una cosa mucho más inquietante.
UNA FICHA POLÍTICA PARA CADA UNO
Por eso tampoco conviene decir simplemente que Interior «fichó» a periodistas.
En lengua española, «fichar» tiene tantos significados que hasta un delantero centro puede ser fichado.
Digámoslo de manera que no haya escapatoria:
INTERIOR CONFECCIONÓ FICHAS POLÍTICAS INDIVIDUALES.
Nombre.
Fotografía.
Profesión.
Trayectoria.
Ideología atribuida.
Actitud ante el Gobierno.
Una por una.
Y después las reunió.
Eso se parece bastante menos a un inocente resumen de prensa y bastante más a un álbum político de sospechosos.
Sólo que la sospecha aquí no consiste en haber robado un banco.
Consiste en ser crítico.
En discrepar.
En no pertenecer al coro.
En resultar incómodo.
En una palabra:
disentir.
Por eso «lista negra de disidentes» describe el asunto bastante mejor que «documento consultivo».
MARLASKA DESCUBRE EL DICCIONARIO DE LOS EUFEMISMOS
Fernando Grande-Marlaska ha defendido el documento como un simple «documento de trabajo interno» destinado a conocer qué se decía de la actividad del Ministerio y ha negado que tuviera una «finalidad espuria».
Magnífico.
Abramos el Diccionario Marlaskiano-Español / Español-Marlaskiano.
«DOCUMENTO DE TRABAJO»
Traducción:
Una carpeta con centenares de fichas políticas.
—¿Por qué anotaron las ideas de los periodistas?
—Era un documento de trabajo.
—Sí, hombre, ya vemos que alguien trabajó haciéndolo. ¿Para qué?
—Para uso interno.
—Eso tampoco responde. ¿Para qué necesitaban saber quién era afín y quién crítico?
—Tenía finalidad consultiva.
—¿Qué consultaban?
—El documento.
—¿Y para qué?
—Para mejorar la eficacia.
—¿La eficacia en qué?
—En la comunicación.
—¿Y para comunicar mejor necesitan saber si un periodista es de izquierdas o de derechas?
—No tenía ninguna finalidad espuria.
Y vuelta a empezar.
Es un mecanismo extraordinario.
Cada respuesta tiene más palabras y contiene menos información.
Puede prolongarse la conversación hasta Navidad.
«ERA INTERNO»
Ésta es especialmente buena.
Nos dicen que el documento era «interno» como si eso tranquilizara.
Precisamente ahí está el problema.
¡ERA INTERNO DEL MINISTERIO DEL INTERIOR!
Si las fichas las hubiera preparado un estudiante para su tesis, estaríamos hablando de otra cosa.
Si las hubiera recopilado un periódico privado para estudiar las tertulias televisivas, estaríamos hablando de otra cosa.
Pero se confeccionaron dentro del Ministerio del Interior.
El ministerio del que dependen la Policía Nacional y la Guardia Civil.
El departamento gubernamental que maneja información y medios que ningún ciudadano corriente tiene a su disposición.
Decir que la lista era «interna» no resuelve el problema.
Lo coloca exactamente donde resulta más preocupante: dentro del poder.
«SE HAN SENTIDO OFENDIDOS»
Otra joya.
Interior pide disculpas a quienes puedan haberse sentido «ofendidos».
¡Ofendidos!
Resulta que el problema es sentimental.
Al parecer, unos periodistas hipersensibles han descubierto sus nombres, fotografías y etiquetas políticas en una relación elaborada dentro de Interior y se han llevado un disgusto.
Pobrecillos.
No.
El asunto no consiste en que alguien se haya sentido ofendido.
Da exactamente igual que los afectados estén furiosos, encantados o bailando la jota extremeña.
La pregunta es:
¿POR QUÉ CONFECCIONÓ EL MINISTERIO DEL INTERIOR FICHAS POLÍTICAS DE PERIODISTAS?
No les pidan perdón por sentirse molestos.
Expliquen por qué los clasificaron.
EL GOBIERNO SOCIALCOMUNISTA RESUCITA A LA BRIGADA POLÍTICO-SOCIAL
Y aquí llegamos al esperpento mayor.
Durante décadas, la izquierda española ha presentado a la Brigada Político-Social del Ministerio de la Gobernación del régimen del general Franco como el gran símbolo de la vigilancia política de los desafectos.
Era «la Social».
La policía política.
El organismo que quería saber quién era quién.
Quién pensaba qué.
Quién se reunía con quién.
Quién obedecía.
Quién discrepaba.
Quién era afecto.
Y quién era desafecto.
Pues miren ustedes por dónde.
Décadas después, bajo un Gobierno socialcomunista que convierte el antifranquismo retrospectivo en una especie de religión oficial, descubrimos que dentro del Ministerio del Interior se confeccionan centenares de fichas con nombres, fotografías y clasificaciones políticas de periodistas.
¡Qué extraordinaria pirueta histórica!
Los mismos que pasan media vida desenterrando el franquismo han terminado desenterrando también algunas de sus costumbres más feas.
No hablamos de que exista hoy la Brigada Político-Social de Franco con sus competencias, sus policías y sus métodos represivos.
La comparación está en otra parte y resulta suficientemente grotesca:
EN LA MANÍA DEL PODER POR CLASIFICAR POLÍTICAMENTE AL DISIDENTE.
Antes:
«Desafecto al Régimen».
Ahora:
«Muy crítico con el Gobierno».
Antes:
Ministerio de la Gobernación.
Ahora:
Ministerio del Interior.
Antes:
expediente político.
Ahora:
«documento interno de trabajo con finalidad consultiva».
¡Cómo hemos progresado!
Lo verdaderamente moderno no consiste en dejar de clasificar al discrepante.
Consiste, por lo visto, en clasificarlo con un lenguaje más cursi.
LA BRIGADA POLÍTICO-SOCIAL 2.0
Imaginemos la conversación.
—Nombre.
—Fulano de Tal.
—Fotografía.
—Aquí está.
—¿Ideas?
—Conservador.
—¿Qué piensa del Gobierno?
—Lo pone verde.
—Muy crítico. Apúntelo.
—Siguiente.
—Mengano de Cual.
—¿Ideología?
—De izquierdas.
—¿Y del Gobierno?
—Lo defiende.
—Afín. Apúntelo.
Y así, uno detrás de otro.
De pronto entra alguien despavorido:
—¡Pero esto parece una lista negra!
Silencio.
Caras largas.
Reunión urgente.
Hasta que aparece el genio del lenguaje administrativo:
—Nada de «lista negra».
—¿Entonces?
—Documento interno de trabajo con finalidad consultiva destinado a mejorar la eficacia del Ministerio.
Respiran todos.
¡Solucionado!
La lista negra acaba de adquirir certificado de calidad democrática.
Ni el agua en vino.
Y, por si acaso, se añade:
—Pedimos disculpas a aquellos profesionales que se hayan sentido ofendidos.
Eso sí que demuestra cuánto hemos avanzado desde la vieja «Social».
Te ponen nombre, cara y etiqueta política, pero lamentan profundamente que la experiencia no haya sido de tu agrado.
Sólo falta la encuesta de satisfacción:
«DEL UNO AL DIEZ, ¿CÓMO VALORA SU CLASIFICACIÓN IDEOLÓGICA POR EL MINISTERIO DEL INTERIOR?»
☐ Muy satisfecho.
☐ Satisfecho.
☐ Insatisfecho.
☐ Muy insatisfecho.
☐ Muy crítico con el Gobierno.
Cuidado con la última casilla.
Puede incorporarse automáticamente a su expediente.
MANOS LIMPIAS HA ESTROPEADO EL TRUCO
Pero al Gobierno le ha surgido un problema.
Manos Limpias ha cogido la lista negra y la ha llevado a los juzgados.
La organización denuncia posibles delitos de prevaricación administrativa, discriminación o coacciones y revelación de secretos y contra la intimidad.
También invoca los artículos 16 y 20 de la Constitución, relativos a la libertad ideológica y a la libertad de expresión.
Y anuncia que pretende transformar la denuncia en querella después de que se practiquen las diligencias correspondientes.
Será la Justicia la que determine si los hechos encajan en los delitos denunciados y qué personas deben responder por ellos.
Pero Manos Limpias ha obligado a formular las preguntas que la jerga gubernamental intenta enterrar.
¿QUIÉN DIO LA ORDEN?
Porque esas fichas no nacieron por generación espontánea.
Alguien decidió hacerlas.
Alguien decidió los nombres.
Alguien decidió incorporar las fotografías.
Alguien decidió anotar ideologías.
Alguien decidió distinguir entre afines y críticos.
Alguien redactó las valoraciones.
Alguien recibió el trabajo.
Alguien pudo consultarlo.
Por tanto:
¿Quién ordenó confeccionarlo?
¿Quién lo hizo?
¿Quién decidió clasificar políticamente a los periodistas?
¿Quién tuvo acceso a esas fichas?
¿Para qué se utilizaron?
¿Siguen existiendo?
¿Hay copias?
¿Existen más listas semejantes?
¿Hay clasificaciones políticas de jueces?
¿De fiscales?
¿De profesores?
¿De empresarios?
¿De asociaciones?
¿De miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad?
Y la inevitable pregunta política:
¿LO SABÍA PEDRO SÁNCHEZ?
¿Y MARLASKA?
También aquí aparece el inevitable «yo no sabía nada».
Pero eso tampoco arregla gran cosa.
Sólo existen dos posibilidades.
Marlaska sabía que dentro del ministerio que dirige se estaba clasificando políticamente a periodistas.
O no lo sabía.
Si lo sabía, tendrá que explicar por qué lo permitió.
Si no lo sabía, tendrá que explicar cómo puede confeccionarse dentro de su departamento una relación de centenares de personas, con fotografías y valoraciones políticas, sin que el ministro se entere.
El «yo no sabía nada» es uno de los animales más resistentes de la fauna política española.
Nadie ordena.
Nadie sabe.
Nadie ve.
Nadie oye.
Pero las cosas ocurren.
Los documentos aparecen.
Las fichas se rellenan.
Las fotografías se colocan.
Las ideologías se anotan.
Tal vez la ciencia deba empezar a estudiar la reproducción espontánea del expediente administrativo.
HAGAMOS LA PRUEBA DEL ALGODÓN
Ahora cambiemos durante un minuto a los protagonistas.
Imaginemos un Gobierno de VOX.
Un ministro del Interior de VOX.
Y dentro de ese ministerio, 281 fichas de periodistas.
Nombre.
Fotografía.
Trayectoria.
Y etiquetas:
«De izquierdas».
«Afín al PSOE».
«Próximo a Podemos».
«Contrario al Gobierno».
«Muy crítico con Abascal».
¿Cuánto tardarían en aparecer las palabras:
fascismo, autoritarismo, policía política, listas negras, persecución de periodistas y peligro para la democracia?
Probablemente segundos.
Pues aplíquese la misma vara.
El principio de no contradicción continúa funcionando.
Lo que es intolerable cuando gobierna el adversario no se convierte en una delicadeza democrática cuando gobiernan los nuestros.
LA JERGA COMO PASAMONTAÑAS
Hay además una enseñanza especialmente importante en este escándalo.
El poder ha aprendido que muchas cosas resultan tolerables si antes consigue cambiarles el nombre.
No se clasifica políticamente a ciudadanos.
Se «elaboran perfiles».
No hay lista negra.
Hay un «documento de trabajo».
No se distingue entre amigos y críticos.
Se recoge «información».
No hay que explicar qué finalidad tiene.
Es «consultivo».
No se guarda dentro de un ministerio.
Es de «uso interno».
No existe un problema con la libertad.
Hay personas que se han sentido «ofendidas».
Y después de añadir cuarenta kilos de sustantivos abstractos, verbos impersonales y adjetivos de plástico, ya nadie sabe qué ha ocurrido.
Ésa es la formidable utilidad de la jerga burocrática:
BORRAR AL AUTOR Y DISFRAZAR LA ACCIÓN.
«Se procedió a elaborar…»
¿Quién?
«Se consideró conveniente…»
¿Quién lo consideró?
«Se estimó necesario…»
¿Quién lo estimó?
Basta.
Hablemos español.
Alguien confeccionó las fichas.
Alguien clasificó políticamente a los periodistas.
Alguien puso sus fotografías.
Alguien escribió quién era afín y quién crítico.
Alguien guardó aquello dentro del Ministerio del Interior.
Y ahora:
MANOS LIMPIAS QUIERE QUE LA JUSTICIA AVERIGÜE QUIÉN Y POR QUÉ.
UNA LISTA NEGRA NO SE VUELVE BLANCA CAMBIÁNDOLE EL NOMBRE
Ésta es la prestidigitación final.
Metamos por un extremo:
281 fichas.
281 nombres.
281 caras.
Ideologías.
Afines.
Críticos.
Muy críticos.
Añadamos varias arrobas de jerga oficial.
Movamos la manivela.
Y obtenemos:
«DOCUMENTO INTERNO DE TRABAJO CON FINALIDAD CONSULTIVA Y SIN NINGUNA FINALIDAD ESPURIA».
¡Tachán!
La lista negra ha desaparecido.
La Brigada Político-Social se ha convertido en departamento de comunicación.
El desafecto se ha convertido en «muy crítico».
El expediente político se ha convertido en «documento interno».
Y el señalado resulta que simplemente está «ofendido».
Pero Manos Limpias ha estropeado el truco.
Ha llevado el asunto al juzgado.
Ha denunciado a quienes resulten responsables.
Ha hablado de prevaricación, discriminación o coacciones, revelación de secretos e intimidad.
Y ha utilizado dos palabras que no necesitan traducción:
LISTA NEGRA.
Ahora habrá que saber quién la ordenó.
Quién la confeccionó.
Quién la recibió.
Quién la consultó.
Para qué servía.
Y si existen más.
Mientras tanto, el Gobierno socialcomunista puede continuar recurriendo a su maravilloso diccionario.
Puede llamarla «documento».
Puede llamarla «herramienta».
Puede llamarla «instrumento consultivo».
Puede cubrirla con toda la nata burocrática que quiera.
Pero una lista negra no se vuelve blanca cambiándole el membrete.
Y la vieja Brigada Político-Social, contemplando desde los libros de Historia esta sorprendente reinvención del arte de clasificar al disidente, quizá sólo tendría un reproche que hacer a sus émulos del siglo XXI:
demasiada jerga.
Porque en román paladino todo cabe en dos preguntas:
¿PARA QUÉ CARAJOS NECESITABA EL MINISTERIO DEL INTERIOR UNA LISTA NEGRA DE PERIODISTAS DISIDENTES?
Y, desde el 9 de septiembre:
¿QUÉ HARÁ LA JUSTICIA CON LA DENUNCIA DE MANOS LIMPIAS?